Amigas Vallarteras

De: María José PG

Una tarde del mes de mayo, de esas en las que la vida fluye con aroma a café, bocadillos y una amena charla, dos amigas se encontraban dialogando acerca de la masturbación femenina, el motivo: su artículo sería publicado en un libro sobre educación sexual. Intentaban plasmar todo ese mundo de ideas, pero terminaban cediendo al imaginario, de pronto, una sugerencia emergió:

  • ‘¿Y si vamos a Puerto Vallarta a escribir? Mi familia tiene un departamento ahí y nos ayudaría estar solas, sin internet.’
  • Y, la respuesta fue: ‘¡Compremos los boletos ya!’

 Una tarjeta de crédito e internet, les dieron boletos de avión por una estancia de dos semanas. Para ambas, sería la primera vez viviendo con una amiga y más aún, en un lugar fuera de casa. 

Llegó la ansiada mañana de junio, el principal equipaje: la emoción por la aventura. Aterrizaron en un lugar que las recibía con más de 30° C y, acompañadas del susurro del viento que parecía abrazar su llegada, arribaron al espacio que sería su santuario durante toda la estancia. La limpieza profunda, el acomodo de muebles y una ducha para recuperar la frescura fueron necesarias para recargar energía y ahora sí; ¡A ponerse a escribir! pero qué va, les esperaban catorce largos días para ello, y el apetito no podía esperar tanto, así que decidieron saciarlo con unas quesadillas gigantescas y exquisitas, repletas de queso gratinado (sí de ese que activa las papilas gustativas de sólo verlo), frijoles y una jugosa carne asada, sagrados alimentos que combinaron a la perfección con el rosado atardecer de aquel primer día.

Los días siguientes, llegaron al centro de Vallarta en uno de esos típicos camiones azules, de asientos duros, ruidosos, con ventanas enormes para ayudar un poco con el tremendo calor, que, por más que el acelerador se apretará, no se podía dejar atrás, y además, se empeñaba en acompañarlas por donde quiera que fueran, aunque el viento del malecón le daba batalla, la brisa del mar le ayudaba y el aleteo de los pájaros también hacia lo suyo, a veces lograban calmarlo un poco, pero otras veces fracasaban. Sin embargo, las amigas estaban muy felices de poder caminar entre las calles que rodeaban el malecón, descubrieron fondas coloridas que no daban crédito del sabor de sus recetas, bares con terrazas desde los que se podían tener vistas majestuosas del atardecer que se deslizaba sutilmente por el océano hasta lograr desaparecer, en ocasiones, el envidioso barco pirata también reclamaba las miradas, quedándose allí, relampagueando sus luces como si de estrellas se tratara, y sin duda, combinando perfecto con los mojitos de aquellas noches cálidas. 

Hubo tardes en las que esas mujeres sin rumbo terminaban en playas solitarias, con agua cristalina acompañando sus movimientos casi dancísticos, porque si otra cosa las unía era el amor por sus danzas. Otras tantas, el aire se llevaba sus sombreros mientras el mar las embestía y las señoras corrían a auxiliarlas ¡cuántas carcajadas después de tanta agua tragada! Y qué decir de la acogedora cafetería del chico con ojos bonitos que siempre les ofrecía agua fría a su llegada para calmar el calor corporal, ahí, con un matcha en mano se sentaban frente al ventanal a ver el andar de la vida.

El santuario también tenía su encanto, lo decoraron con piñas coladas y amenas platicas en el jardín, sí el mismo jardín del que una noche salió un raro insecto y picó a una de ellas en el cuello, por supuesto que pensaron lo peor después de semejante grito, pero nada que un mágico limón no haya podido curar. ¡Oh, glorioso y bendito limón! ¿Qué hubiese sido de las quesadillas de barbacoa sin el? Sublimes tentaciones que las obligaban a salir, para después caminar en el andador turístico e incluso bailar afuera de los antros que tempranamente abrían sus puertas. Justo así, entre olor a tierra húmeda, sonidos del mar, vibrante cielo azul, bailes, risas y fotos en extrañas esculturas, esas dos amigas pasaron varias tardes en el malecón de Vallarta que siempre las invita a regresar.

Nota: ¡Ya vieron como hasta ustedes se olvidaron del artículo que escribirían allá!