Por: Adolfo Hernández, volador con mochila y viajero frecuente de Alas Mochileras
Después de enterarme de que habría un viaje a la Huasteca Potosina, decidí aventurarme a tal estado de la República Mexicana. Sería la cuarta ocasión en viajar con Alas Mochileras, pero este viaje sería muy especial, pues estaríamos más cerca de la naturaleza.
Fueron dos meses de larga espera pero el día había llegado. Fue un viaje de 11 horas aproximadamente, pero valió la pena conocer este hermoso lugar que está en nuestro México lindo y querido. Además, conocer gente nueva e intercambiar puntos de vista de diferentes temas hizo de nuestro trayecto un viaje muy interesante.
Al llegar al pueblo de Xilitla percibí una peculiar tranquilidad, a diferencia de otros pueblos mágicos. Después, partimos al jardín escultórico de Edward James, pero lo más curioso fue ver peseros pintados con imágenes representativas de cada pueblito mágico con colores verdes.
Fue una caminata de aproximadamente 15 minutos para llegar al jardín surrealista, ya estando ahí quede impresionado al ver semejante museo y las estructuras del jardín.
Recorrimos el jardín poco a poco para contemplar con detalle el museo, pues cada una de las estructuras tiene un significado especial. Este lugar fue uno de mis favoritos sin duda alguna. Al final de visitar el jardín hay un río que baja del cerro y se forma un hermoso pozo, donde puedes meterte a nadar y relajarte un rato sin importar que el agua esté súper fría, pero tan sólo de pensar de un viaje largo y no meterse sería pérdida de tiempo.
Después de estar un rato en las pozas nos dirigimos al pueblo de Aquismon, donde se encuentra el sótano de las golondrinas. El traslado hasta el sótano fue algo estresante, pues el camino era un poco complicado, ya estando hasta la cima del cerro tuvimos que bajar escaleras todos los del grupo de Alas mochileras para ver semejante espectáculo y asomarnos al sótano de las golondrinas y ver hacia el vacío fue algo impresionante, pues tiene una profundidad de 512 metros.
Ver acostado hacia bajo del sótano fue impactante, lo que impone la naturaleza, obviamente sujetados con una buena cuerda en la cintura para no caerte y mirar hacia arriba para ver el espectáculo de los vencejos, fue hermoso ver cómo estas aves vuelan alrededor del sótano para bajar en picada todas juntas.
Se vino la noche y nos regresamos al pueblo de Aquismon. La gran mayoría del grupo ya quería comer. Yo decidí no comer con ellos, puesto que ya tenía demasiada hambre y quería algo rápido, decidí comerme unos tacos a lado del restaurante donde estaba todo el grupo de Alas mochileras. Después de haber terminado de comer fuimos a caminar al pueblo pero ya todo estaba cerrado, no había casi gente en aquel pueblito, todos los del grupo de Alas mochileras decidimos dirigirnos al autobús para ir al hotel a descansar después de un día muy pesado.
El segundo día visitaríamos la cascada de Tamul, donde teníamos que meternos en canoas y ponernos el chaleco salvavidas para no ahogarnos fue un hermoso recorrido andar en canoas y remar y ver el hermoso paisaje de la naturaleza que hay en ese lugar de aguas azules.

Ya estando en el punto acordado para entrar a la cueva donde tuvimos que sumergirnos en el agua con una profundidad considerable, al principio no quería pero me decidí a nadar y fue algo muy padre que no olvidaré, después de unas cuantas horas para partir.
Posteriormente nos dirigimos a las cascadas de micos, en ciudad Valles, al igual fue un trayecto largo, ya estando en el lugar la gran mayoría ya tenía hambre y empezó a buscar qué comer encontramos un local donde todos comimos pollos a la leña, que tenían buen sabor para calmar el hambre.
Después de comer la gran mayoría se metió a la laguna a nadar un rato, yo cambié de parecer y decidí no meterme al agua, preferí caminar alrededor de las cascadas de micos y platicar con los habitantes de aquella región de los cuales me platicaban que debes en cuando se veían los micos bajar y que últimamente ya no se veían mucho, por el cambio climático fue una charla agradable, me despedí y les di las gracias ya era hora de regresarnos al hotel.
Para el último día teníamos que disfrutarlo al 100% pues venir desde la cdmx y no disfrutar sería un error, nuestro traslado para la última cascada que fue puente de Dios fue un trayecto de 2 horas y media y como todos los lugares, era hermoso como todos los que habíamos visitado en la Huasteca Potosina. Para llegar al Puente de Dios teníamos que bajar escaleras para llegar al lugar, valió la pena estando ahí, uno se tenía que lanzar al río aunque la corriente era más fuerte en ese lugar había cuerdas amarradas de extremo a extremo donde uno se agarra para ser más fácil los trayectos dentro de la cascada y moverte de un lugar a otro inclusive podrías pasar en una caverna en lo que se le llama el puente de Dios de aguas azules y cristalinas con pequeños pececillos nadando junto fue algo muy relajante, nuestra estancia fue poco, nuestra partida de Alas mochileras era 3:30 pm y teníamos que comer algo antes de irnos.

Durante nuestra caminata encontramos un puesto donde vendían el famoso zacahuil y decidimos comprar uno y probarlo para ver qué tal sabía, pues en realidad era un una combinación de tamal entre pollo y carne de puerco que no sabía tan mal, pero en mi caso creo que me ha gustado más el zacahuil de Veracruz.
Estando en el autobús hicimos un análisis de todo el viaje y fue satisfactorio. Gracias a Zaira Celina Hernández Santillán por llevarnos a lugares imaginables en nuestro Mexico, fue una experiencia hermosa, ya que no coleccionamos cosas, sino recuerdos que se llevan dentro del corazón y en la mente. Cuando uno cierra los ojos se imagina y se acuerda de tan hermosos paisajes que hay en nuestro México, nos llevamos un recuerdo con mucho amor y felicidad gracias a Alas mochileras y a todos los que hicieron posible este viaje, ¡fue una experiencia inolvidable!
















